La película trata de una prostituta japonesa que se enamora del dueño de una casa de tés. La cosa va bien en un comienzo, todo el día dandole al sexo sin parar, pero ella se comienza a convertir en obsesiva compulsiva (además de poseedora de un furor uterino de dimensiones bíblicas) lo que va convirtiendo la relación en una autodestrucción que termina de mala manera, como se veía venir.
13 pases que tuvieron que hacer en el festival de Cannes cuando la presentaron. A alguno le debieron salir pelos en las manos, dado que dudo que fueran a ver la película en sí. El tema es ver a los dos japoneses trinchando todo el metraje, aderezado con multitud de secuencias rocambolescas y graciosísimas. Estoy convencido que el tráfago de los años ha podido con ella, dado que mi libro de las 1001 películas que hay que ver dice que hay que verla. Y yo le he hecho caso.
Resumiendo, ¿quieres ver a una japonesa expulsando un huevo de su vagina? ¿A un japonés con el pene negro? ¿Un clásico del cine erótico dramático en el que salen orientales en pelotas? Si has respondido que no a las tres, no te la recomiendo. Aunque la escena del huevo por sí sola merece la pena.
Besitos.
P.D: Lo que nos pudimos reir mi medio calabacín y yo, madre mía.
Lo mejor: Que no nos dan la plasta con el sufrimiento moral del super heroe.
Lo peor: Que me dejen con la incógnita de por donde evacua con ese traje puesto.
