Opinión · Nº 12306 · 12-09-2007
Crítica de

La jungla de cristal

En 1988 John McTiernan dirigió una peli de acción que tenía un prota con carisma y sentido del humor, algo que entonces no abundaba (¿ahora si?) ya que si nos fijamos en sus compañeros de cartelera de entonces nos encontramos a Seagal, Van Damme o el
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En 1988 John McTiernan dirigió una peli de acción que tenía un prota con carisma y sentido del humor, algo que entonces no abundaba (¿ahora si?) ya que si nos fijamos en sus compañeros de cartelera de entonces nos encontramos a Seagal (Por encima de la ley), Van Damme (Contacto Sangriento) o el tío de Cocodrilo Dundee.

También hubo grandes regalos como Muñeco Diabólico, Un pez llamado Wanda o Cocktail.

La Jungla de Cristal presentaba a un poli con muy mala hostia y problemas en casa en un rascacielos lleno de terroristas extranjeros muy sangrientos y con los pies pequeños.

¿Qué no haría Tarantino con los pies de McClaine?

El poli hace frente a la amenaza con esfuerzo, sudor, sangre, ultraviolencia y explosivo plástico. Los malos obedecen a Hans Gruber, un tipo que recuerda al Sheriff de Nottingham y que es coolto de cojones. No le temblará la mano al contar hasta tres y reventar la cabeza del jefe de Holly Gennero. Perdona John. Un 9.

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