Montaje ágil, nerviosos movimientos de cámara y partitura ejemplar de John Powell para aliñar el conjunto son los principales avales de estas cintas de acción rodadas al ‘estilo Greengrass’. Un estilo concordante con el de la primera cinta dirigida por Doug Liman (ahora productor ejecutivo de las dos continuaciones) pero mejorado por el sobrio barniz del director británico. Además, la perspectiva de un realizador europeo parece clave en una recreación realista e identificable de las localizaciones empleadas en el seguimiento del itinerante Bourne. Si a todo ello le sumamos una pléyade de magníficos actores, encabezada por el talentoso Matt Damon y respaldada por secundarios de lujo como Albert Finney, Joan Allen, Scott Glenn, Brian Cox o el último en incorporarse a la lista, un magistral David Strathairn, el resultado es una función de cine de espías de gran calidad y situada un peldaño por encima de la media en su género.
A pesar de todas sus virtudes técnicas e interpretativas, la cinta flojea en su historia. La estructura de persecución y huida termina por convertir el relato en un bucle donde sólo cambian los paisajes de fondo (diferentes estaciones de tren europeas y dos edificios de la CIA en Langley) y los enemigos de Bourne por la parte perseguidora. Cierto es que el ritmo de urgencia casi constante no deja espacio alguno para el aburrimiento, pero tanta velocidad va en detrimento de un relato más sustancioso. Descubriremos pequeños detalles de la biografía del protagonista previos a su transformación en Jason Bourne, nos sugerirán que el uso de éste como asesino por encargo era mucho más escalofriante de lo inferido en los capítulos previos, pero no mucho más progresa esta historia cuyo epílogo deja la puerta abierta para posibles secuelas venideras. No en vano, Robert Ludlum, fallecido en 2001, avaló al escritor Eric Van Lustbader para que continuará escribiendo acerca de este personaje del que ya ha publicado dos novelas tras la muerte de aquél: The Bourne Legacy (2004) y The Bourne Betrayal (2007). Sospecho que, dado su buena acogida en la gran pantalla, al cine le seguirá interesando contar más cosas sobre este enigmático espía incorporado ya, por derecho propio, al imaginario colectivo junto a afamados colegas como el legendario 007.
Lo mejor: Su frenético ritmo y su afán de verismo para tratarse de un género tan dado a la espectacularidad irreal.
Lo peor: Que su argumento termine pareciendo un bucle con tanta persecución y huida consiguiente.
