Los 4 fantásticos y Silver Surfer es la película perfecta para el verano. Se trata de reunir a una pandilla de críos y darles una generosa ración de superhéroes y de mamporros siderales. Mirado así, la cinta es ejemplar: no se pierde en divagaciones sobre la soledad del héroe, no enfanga su discurso amenísimo con reflexiones sobre la bondad del ser humano. La trama se despacha en un plisplás: nada sobra y nada falta, como en una buena película de Frank Capra. Honesta y directa, pues.
Los claroscuros emocionales y psicológicos de otros héroes (Spiderman, Batman, X-men) son aquí omitidos deliberadamente del libreto. Tampoco tenemos que soportar la introducción reglamentaria: ya sabemos quién es cada uno y cómo se las gasta. Así que la trama arranca con más o menos prontitud y disfrutamos (sí) con una avalancha previsible, infantiloide y majestuosa de efectos especiales. No creo que nadie con algunos dedos de frente busque en este artefacto veraniego destinado al olvido algo más. Si a este benigno acúmulo de golosinas visuales le añadimos la intervención de Estela Plateada/Silver Surfer, pues miel sobre hojuelas, que decía mi abuela.
Si el amable lector fue fan de las historias de Stan Lee y Jack Kirby tiene asegurado el entretenimiento. Cuando quiera darse un baño de pureza, seguro que sabrá dónde acudir y qué bálsamos espirituales tomar para reconfortar su alicaída compostura.
Lo mejor: Silver Surfer.
Lo peor: La despedida de soltera de Reed Richards: abochornante.
