Y por ello, aquí nos llega la secuela de Los 4 Fantásticos, digna película de súper héroes cuyo único fin era el de entretener al espectador sin incurrir en demasiados errores. Hechos que en otra época serían lo habitual en el cine de acción hoy en día son auténticas virtudes difíciles de hallar. La historia de esta nueva entrega prosigue en el momento en que se quedó la anterior, con los héroes convertidos en estrellas mediáticas que se ganan las habichuelas a través de la promoción y publicidad, como un David Beckham cualquiera. Todo está preparado para la boda del siglo entre Ree Richards (Ioan Gruffud) y Susan Storm (Jessica Alba) en una ceremonia que dejará en mera pachanga pueblerina y paleta al enlace cienciólogo Cruise-Holmes. Sin embargo, el idílico panorama se ve trastocado por la aparición de un nuevo y extraño villano que se dedica a agujerar el planeta (y no, no es el alcalde de Madrid a bordo de la Tizona). A todo ello hay que unir la espantosa moda hollywoodiense de introducir elementos dramáticos en las películas de acción. El guión, a pesar de los esfuerzos por lograrlo, no tiene la más mínima profundidad. Ante semejante libreto, uno no sabe qué hacer, si tomárselo a guasa y reirse alegramente su costa, o llorar amargamente por tan impune tortura. Algunos de los diálogos del film son verdaderamente patéticos, aunque no es menos sonrojante la nula capacidad interpretativa de Ioan Gruffud y Jessica Alba, que se quedará en chica mona para los restos, o hasta que lo permita la cirugía y el botox. La única sorpresa agradable que le espera al espectador es el divertido cameo de Stan Lee.
Los 4 Fantásticos y Silver Surfer no es más que otro claro ejemplo del lamentable estado en que se halla el cine de acción y fantástico de Hollywood. Lo que era entretenido y digno en la primera película se ha tornado aburrido y bochornoso en la secuela.
Lo mejor: El cameo de Stan Lee.
Lo peor: El guión.
