Errático, no viaja por la tierra, no ocupa veredas y caminos, moteles cutres de carreteras secundarias y paisajes abismales que parecen no consolar la vista jamás: lo que hace Travis es andar hacia dentro, descubrirse en su estajanovista periplo de ciudadano puro y fascinado por la incertidumbre de no saber. ¿ O es que nosotros, aparentemente cuerdos y dueños de nuestros destino, sabemos quiénes somos ?
Film escasamente dialogado salvo en su tramo final cuando verdaderamente las palabras son precisas. Antes, durante el viaje de Travis hacia su redención, hablan las imágenes, que son portentosas como pocas veces hemos visto en el cine reciente.
Alrededor, como un manto de serenidad, la música de Ry Cooder, una banda sonora fascinante que se matrimonia a la perfección con la historia de pérdidas y de fracasos, de azar y de perdón que Sam Shepherd, un autor muy injustamente infravalorado, adapta para que Wenders haga su mejor película. Una Obra Maestra del Cine.
Lo mejor: La música de Ry Cooder, la interpretación de Dean Stanton o la Kinski... Y los paisajes lunáticos, alucinados, enfebrecidos....
Lo peor: ¿ Diré que nada ?
