Con un tratamiento un tanto sensacionalista de ciertos aspectos, lo cierto es que en general se escenifica una sociedad muy dividida en la que bien por convicción, acción u omisión, la mayoría de la gente adopta posturas poco comprometidas o directamente a favor de los invasores.
La labor de documentación sí que parece estar muy bien realizada, y la recreación de escenarios y de entornos alcanza niveles más que aceptables. El argumento, siendo bueno, pierde intensidad por momentos, y a veces parece un poco rebuscado, pero mantiene en general un tono positivo en cuanto a calidad.
Lo que sí que es cierto y habitual además en las películas de Paul Verhoven, es que provoca cierta sensación de dejar cabos sin atar, y que tiene una tendencia excesiva a intercalar sexo y tramas secundarias en paralelo, además del hecho de que a lo largo del filme existen ciertos parones y escenas que poco o nada aportan al total.
En cualquier caso, es una buena producción en la que el trabajo concienzudo de los componentes del reparto suple las anteriormente citadas carencias, y consigue que el espectador pase un rato entretenido, a la vez que conozca una parte de la historia del siglo XX en una Europa que tantas lecciones gusta de dar al resto del mundo en materia de civilización y valores, pero que siempre ha sido el foco de los conflictos más importantes y destructivos.
Lo mejor: La recreación de escenarios.
Lo peor: Que peca de sensacionalista e introduce varias historias subyacentes y algo frívolas más propias de un telefilme.
