Cayo Largo, dirigida por John Houston, narra la historia de un ex combatiente de la Segunda Guerra Mundial, que llega un pequeño hotel de Los Cayos, en Florida, para ver al padre y a la viuda de un compañero de trincheras. Inesperadamente, se encuentra con una pandilla de mafiosos que se hospedan en el establecimiento, y ahí comienza la verdadera película.
De Humphrey Bogart, poco se puede decir que no se sepa, aunque en mi opinión, el peso interpretativo y la más brillante de las actuaciones, es la que recae en Edward G. Robinson, uno de esos actores que por caprichos del destino, no goza de todo el reconocimiento y la fama merecidos por su enorme talento. De Lauren Bacall, tampoco vamos a descubrir nada, mientras que Claire Trevor recibió incluso un Oscar por su interpretación.
Como dije antes, este filme provoca un amplio abanico de sensaciones, que pasan por la ternura, intriga, claustrofobia, angustia e inquietud; todo ello debido a un estupendo guión y una dirección ejemplar.
En el lado negativo de la balanza, podría situarse un desenlace un poco precipitado y ciertos altibajos en el ritmo del desarrollo; pero sin mayor trascendencia ni importancia. Sin duda, un clásico del cine, al que sólo el hecho de ser coetáneo de títulos épicos ha privado de ocupar un lugar más elevado en el olimpo del cine.
Lo mejor: Comprobar, una vez más, que todo lo que muchos personajes contemporáneos creen que han inventado, existía antes de que nacieran.
Lo peor: Quizás no mantiene el ritmo durante todo el metraje.
