Opinión · Nº 11869 · 28-06-2007
Crítica de

28 semanas después

Un trabajo digno de encomio por la destreza en el desarrollo de un guión de altura que desmiente tajantemente a quienes afirman que la ciencia ficción y el terror son géneros menores.
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La ciencia ficción vuelve a las pantallas españolas de la mano del canario Juan Carlos Fresnadillo, que retoma un género que ya cultivara con Intacto, su única incursión hasta el momento en el mundo del cine, a excepción de un par de cortometrajes.

28 semanas después es la segunda parte de 28 días después, que para quien no lo sepa o recuerde, relataba la catástrofe producida por la liberación de un virus que convierte a la población británica en asesinos y obliga a cerrar el país. Esta continuación arranca seis meses después de la primera, un momento en el que tras haber eliminado el virus, el país comienza a ser repoblado.

Como suele ser habitual en este tipo de películas, bajo la máscara de la acción y el pseudoterror, subyace un mensaje que a través de paralelismos y analogías, pretende alertar a los espectadores y a la población en general de posibles situaciones que podrían darse de no cambiar la dirección de los acontecimientos. En los últimos tiempos, los laboratorios han sustituido a las armas nucleares como símbolo de la decadencia y de la inevitable destrucción de un mundo desvalorizado y que encamina sus pasos con firmeza hacia el abismo.

Desde el punto de vista técnico, es reseñable la magnífica utilización del sonido, la música y los silencios de manera indistinta como herramientas para generar tensión. Además, el guión está bastante bien elaborado, bastante mejor que el de su predecesora, por lo que consigue transmite las sensaciones de angustia y caos que pretende; todo esto a través de unos personajes bien definidos. El reparto es aceptable, aunque quizás flojea un poco el sobrevalorado Robert Carlyle. En general, una buena película, siempre que sea consciente del género y el tipo de filme que va a presenciar.
Lo mejor
La utilización del sonido y la música como componentes de la creación de inquietud, dando una lección a los que simplemente suben el volumen de la música para conseguir ese efecto.
Lo peor
Tampoco sería justo destacar nada negativo.

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