Vamos a tener en cuenta una cosa: si un blues dura tres minutos, una película que recrea, en lo fundamental, un blues debe ser un corto o un mini-corto o un clip de esos que ocupan los archivos cuasi-infinitos del youtube. No, taxativamente, una película, un largometraje, como se decía antes. Hay un momento en el que estamos saturados de historia, empapados, hartos de que la niña con furor uterino se revuelque con quien sea a causa de su adicción al sexo. El bluesman hace de terapeuta, de psicólogo, de padre y de gurú para sacarla de su esclavitud venerea y ponerla otra vez a rendir a la sociedad y verse recompensado por ello. Ya está. Debo añadir – no crea que estropee nada contando este pequeño detalle de atrezzo – que los métodos de recuperación perpetrados por el viejo bluesman consiste en atar a la moza a un radiador y esperar que el “mono” acuda y aplaque el vértigo de la carne. Esta mezcla absurda de sudor y rasgueos de guitarra va a irritar a más de uno, lo sé. Va a incomodar a quien acuda al cine a ver cine. Es un mero despliegue de actuaciones brillantes, de atmósferas bien montadas y de una estupenda planificación en el montaje.
En su demérito, no hay guión o el que parece que aspira a serlo falla tanto que se pierde en un naufragio de estupendas intenciones, pero baldíos resultados. Queda, en todo caso, el respeto de un director, Craig Brewer, por el blues y la elección formidable de unos actores en estado de gracia, conjurados en sacar adelante una empresa irregular, extraña, en ningún momento creíble. Hubiesen hecho un videoclip para cualquier nueva canción de Robert Cray o de mi adorado B.B. King y esto habría sido el golpe audiovisual del año. Al menos en la MTV. La música es la cura. El blues es la cura, que cantaba John Lee Hooker acompañado por Santana en una pieza que me he puesto de fondo para escribir con más motivación esta reseña.
Lo mejor: Samuel L. Jackson y Christina Ricci. Y sobre todo, el valor de la actriz para hacer un papel tan atrevido en estos tiempos de mesura carnal....
Lo peor: Su guión, inverosímil, aburrido hasta la pereza.
