Opinión 11·06·2007

Pasión de los fuertes

Sobre «Pasión de los fuertes» de John Ford — La película es un ejemplo perfecto para explicar al que no sabe qué cosa es el western. Uno de los mejores western de la Historia del Cine.

Pasión de los fuertes es el anti-western: Ford descarta fijar su talento en la acción pura, aunque ésta acuda en su momento y fije el tono épico y trágico del género. Tampoco es un western barroco: la economía de medios y la ausencia de artificios da un esplendor poético inusual, subordinado a la conquista de unos ideales y al romanticismo del nacimiento de una nación. Porque Ford cuenta eso: la fundación de un país, el progresivo asiento de las leyes que lo van a gobernar y las condiciones de vida para que los colonos creen un folclor, permitan el culto a una religión y, sobre todo, susbscriban el estereotipo de una nación, porque los Estados Unidos de América nacen con Wyatt Earp y con estos personajes a lomos de la fatalidad, conduciendo ganado por polvorientos paisajes y forjando leyendas donde los héroes obedecen estrictos códigos de honor.

La película es un ejemplo perfecto para explicar al que no sabe qué cosa es el western: pueblos que aparecen en la nada y que viven alrededor de la taberna donde las barras de bar son interminables y el whisky es el ocio de los desposeídos y de los que lampan por un futuro mejor; sheriffs con un severo estricto del deber y una bien asentada integridad moral; pianistas que vienen a ser juke-box de la época… Pasión de los fuertes ( My darling Clementine ) es, por otra lado, Duelo de titanes, La hora de las pistolas, Tombstone, Duelo en OK Corral o Wyatt Earp: todas son la misma película. John Ford hace la versión más libre del argumento primigenio, la que más se aparta del libreto y escenifica la visión sociopolítica de un hombre que inventó, a su manera, un género, el western. Tombstone, el pueblo antológico, al que Bob Dylan dedicó un acelerado blues inmortal, es este Tombstone de Ford. Henry Fonda es Wyatt Earp, el ganadero al que el azar y la venganza convierten en sheriff.

Doc Holliday, ese cirujano atormentado, conflictivo y en continuo proceso de redención personal es Victor Mature. Y John Ford, claro está, que tiene el ingenio y la sensibilidad de convertir la violencia en poesía, de subvertir un argumento necesariamente ágil y propenso a la acción en un intimista cuadro de costumbres, en un bello retrato de una sociedad naciente, en donde los hombres mataban y morían por asuntos triviales y donde la ley era una conversación entre caballeros acodados en la barra de un bar.
Lo mejor
Henry Fonda, creíble en todo momento, nada agitado por las circunstancias, pero destinado a forjar una épica.
Lo peor
¿Diré que nada?

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