El esquema funcionó al dedillo en la primera entrega en tanto que ésta juega a la perfección su papel de prólogo contextualizador. Pero, al haber adoptado ese mismo patrón de desarrollo, nudo y desenlace en las dos siguientes cintas, es inevitable acabar con cierta sensación de sopor y de “ya haber pasado por aquí” tras el visionado de esta última entrega. Se trató de tender un puente que conectara argumentalmente la segunda entrega con ésta a sabiendas de que la trilogía estaba apalabrada justo después del sonado éxito de Spiderman. Pero la línea de continuidad en el conjunto apenas se ha sostenido por la promesa de venganza que Harry Osborn (James Franco) hizo en el epílogo del primer filme y por la historia de amor intermitente entre Mary Jane Watson (Kirsten Dunst) y Parker (Tobey Maguire).
Probablemente me haya visto defraudado por tanta expectativa creada por una campaña de marketing que ‘vendía’ una historia del trepamuros más oscura y adulta. La aparición en escena del traje simbionte daba mucho juego para adentrarse en una dualidad rayana en la esquizofrenia. Sin embargo, el conflicto entre la bondad de Parker y el tentador poder de un traje multiplicador de sus cualidades arácnidas queda reducido a un episodio autoparódico en el que Parker se echa el flequillo a la frente y comienza a fanfarronear y a ir de niño malo. Una vez pasado el sarampión malévolo, de escaso penar, le volvemos a poner cara de niño bueno devolviéndole su ‘look’ anterior.
Al margen de estas objeciones propias de un friki de las historietas de Spiderman, he de decir que la cinta abunda en los apabullantes efectos de la saga, cada vez más sorprendentes y de factura más perfeccionada, y sostiene el interés pese a contar con un metraje largo para una propuesta de estas características. No digo que se cierre en falso la trilogía, pero sí creo que el interés en una posible cuarta parte queda tocado tras esta entrega menos revolucionaria de lo anunciado. Quizá algún día, cuando sea posible concebir uno de estos filmes sin tanto afán rentabilizador y como un proyecto menos mastodóntico, alguien se atreva a adaptar historietas clásicas del héroe franquicia de la Marvel como La última cacería de Kraven. Ojalá.
Lo mejor: Los apabullantes efectos de esta entrega, cada vez más sorprendentes y de factura más perfeccionada respecto a sus predecesoras.
Lo peor: Cierta sensación de déjà vù y la decepción de visionar una cinta menos oscura de lo previsto.
