La silicona de las féminas y la testosterona hecha anabolizantes en los pectorales y bíceps de los héroes de turno no compensan hora y media de torpe idilio con la estulticia. Es que no hay carnaza comestible: las anacondas salen poco y salen mal. No habría pasta. La primera aparición del ofidio nos llega a mitad del rollo. Es como si uno de pronto decide tragarse un film porno y la primera penetración salvaje acaece a los cuarenta y cinco minutos de metraje y los divos del hardcore, los machos y las hembras de turno, se tiran rollos impresionantes sobre la insoportable levedad del ser y la pesada carga del alma en un sofá bien escoltados por música minimalista de Michael Nyman. No, por favor. Porno duro, sin excursos intelectuales. Y aquí, qué quieren que les cuente, lo que yo buscaba ( Lunes noche, un canal digital de pago, ya había visto el capítulo del CSI ) era esparcimiento lunático, espasmos catódicos en el sofá con el home cinema bramando en 5.1 los chillidos de las mozas y los mozos ( corrección política, eh ) cuando se los merienda la bicha tremebunda. Adiós placeres sencillos.
Lo mejor: ¿ Diré que nada ?
Lo peor: Todo, todo
