Bodrio, bodrio, bodrio, bodrio, bodrio, bodrio, bodrio, bodrio, bodrio.

★☆☆☆☆ Pésima

Siete fueron los guionistas reclutados para parir el engendro. Una con cabeza habría bastado. Los descabezados que han perpetrado esta abominación de película no han recurrido a copiar films anteriores de parecida materia: se han embarcado en la peregrina idea de hacer un film novedoso ( según cuenta la nota de producción ) que no acabe sacrificando ” el asombro del espectador ” con previsibles raciones de imágenes impactantes como el género suele. Pues, atención, amable lector, aquí no hay asombro: no hay (casi) impacto visual. Las anacondas no suscitan sobrecogimiento alguno. Se sienta uno para recibir una dosis masiva de cutre-show B o Z y, a cambio, sólo recibimos un drama de personajes agilipollados en una selva de Borneo que corren, conversan, vuelve a correr, son engullidos por la bicha puta, con perdón, y luego vuelven a correr y a conversar de nuevo. Está el malo egoísta que expone a sus congéneres de raza para conseguir sus materiales propósitos ( una flor que da la eterna juventud, he aquí el quid de la cosa ) y que, al final, recibe su merecido, claro está.

La silicona de las féminas y la testosterona hecha anabolizantes en los pectorales y bíceps de los héroes de turno no compensan hora y media de torpe idilio con la estulticia. Es que no hay carnaza comestible: las anacondas salen poco y salen mal. No habría pasta. La primera aparición del ofidio nos llega a mitad del rollo. Es como si uno de pronto decide tragarse un film porno y la primera penetración salvaje acaece a los cuarenta y cinco minutos de metraje y los divos del hardcore, los machos y las hembras de turno, se tiran rollos impresionantes sobre la insoportable levedad del ser y la pesada carga del alma en un sofá bien escoltados por música minimalista de Michael Nyman. No, por favor. Porno duro, sin excursos intelectuales. Y aquí, qué quieren que les cuente, lo que yo buscaba ( Lunes noche, un canal digital de pago, ya había visto el capítulo del CSI ) era esparcimiento lunático, espasmos catódicos en el sofá con el home cinema bramando en 5.1 los chillidos de las mozas y los mozos ( corrección política, eh ) cuando se los merienda la bicha tremebunda. Adiós placeres sencillos.
Lo mejor: ¿ Diré que nada ?
Lo peor: Todo, todo
publicado por Emilio Calvo de Mora el 17 abril, 2007

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