Empezamos con un Bruce Willis caracterizadísimo e irreconocible, donde tras capas de latex y aerógrafo vemos al actor de “La jungla de cristal” como capo de la droga local, luego tenemos a Sharon Stone, que, aplicando lo mismo que lo anterior es una madre que en un flashback casi nos plasma lo ocurrido, después Emile Hirsch, como rapero camello, tras ellos Ben Foster (tal vez de lo mejor de la película, aunque sobreactua bastante) y Justin Timberlake, que después de 2 películas se le sigue viendo en pantalla bastante perdido.
El guión es lioso, aburrido, lento y poco real, cuando se supone que quiere plasmar realidad por los poros, pero no, no lo consigue, todo es tan fácilmente reconocible, que uno puede reconocer en la cinta mil y una películas similares (sin ir más lejos “Wonderland” que protagonizaba Val Kilmer…).
El recurso de pantalla partida es inútil, puesto que la división apunta a lo mismo, y no aporta nada diferente, el visionarlo 2 veces, vamos, que queda “chuli” y la sobreimpresión del tiempo, testigos y tal es indiferente.
Un bodrio en toda regla que ahora entiendo porqué ha tardado tanto en estrenarse.
Lo mejor: Nada, más vista que el TBO, no aporta nada, ni gusta, ni nada...
Lo peor: Todo, las 2 horas más aburridas de mi vida.
