Pudor es una historia que habla de la incomunicación que viven muchas familias, cuyos miembros, a pesar de vivir juntos, se encuentran en la más absoluta soledad. Una familia compuesta por un hombre que sabe que va a morir pronto (Nancho Novo), una mujer que recibe anónimos eróticos (Elvira Mínguez), una adolescente con las dudas que provoca la edad (Natalia Rodríguez), un anciano al que el amor le da una segunda oportunidad (Celso Bugallo) y un niño que ve fantasmas (Marcos Rúiz). Pudor retrata con acierto los problemas de incomunicación que padece la sociedad hoy en día y el miedo a expresar los sentimientos, aún a los seres más queridos y cercanos. A pesar del cariz que toman algunas de las historias, en ningún momento el film cae en el sentimentalismo barato.
Se trata de una cinta muy intimista, rodada con gran pudor y respeto hacia los personajes y sus emociones. Uno de los pocos peros que se le puede poner al film es que en algunos momentos del nudo dramático el ritmo decae, y la historia se espesa ligeramente. En todo momento, la película transmite una gran sensación de verosimilitud y cercanía, con unos personajes muy bien construidos, con los que la gente se puede identificar. Buena parte del mérito de la credibilidad del conjunto se la merecen sus actores, muy bien dirigidos por Tristán Ulloa, sobre los que destaca un espléndido Nancho Novo (que pide a gritos una nominación a los Goya), en una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha.
Lo mejor: David y Tristán Ulloa tienen madera de grandes cineastas. Nancho Novo
Lo peor: El ritmo decae algunas veces, y la historia del niño no termina de convencer
