Apenas salvada por la excelente fotografía del Juárez nocturno, con su mugre, su deterioro urbanístico y su neón delictivo, Ciudad del silencio acomete con desidia la denuncia de una barbarie excesiva, que no tiene ( en el film ) pies ni cabeza. No terminamos de saber a qué vienen los crímenes, aunque nos de un leve tufo de por dónde pueden venir los tiros, y no precisamente gracias a las labores de un elenco plano en todo momento. Ni Antonio Banderas ( con un papel ridículo ) ni Jennifer López (como reportera venida de Chicago con pasado brumoso y ganas de escalafonar en su carrera profesional con un reportaje de relumbrón ) consienten que podamos añadir un punto mayor de interés.
Si alguien quiere información sobre los acontecimientos de Ciudad Juárez, no busque aquí. Espere: igual hay un proyecto de más altura. Esto es un telefilm para ver en un pase de las privadas a la hora del café, con pastas y el brasero creando esa sensación de hogar tan bonito y que a todos nos gusta tanto. El problema ( lo hay ) es que el pueblo mexicano víctima de este pequeño genocidio hubiese merecido un film mejor. Y no lo han tenido.
Lo mejor: 1 La ciudad de noche. Cierto descaro con la cámara digital que da un atractivo dibujo del lumpen local y su roña sangrienta. 2 Lo ancha de caderas que esta moza para todo lo que hace.
Lo peor: Todo lo demás. Todo lo demás. Todo lo demás. Todo lo demás. Todo lo demás.
