Almodóvar vuelve a trabajar desde la humildad y la honestidad. Hila una historia redonda, un guión potente y muy bien lubricado. Engrandece a un magnífico elenco de actrices y las dirige como el bien sabe. No entiendo a quienes se empeñan en criticar a Penélope Cruz, quien aquí carga con casi todo el protagonismo y vuelve, para demostrarle al mundo que ella es, no únicamente una actriz bellísima y de una presencia apabullante, sino una actriz capaz de bordar los papeles importantes. Carmen Maura vuelve también, sin complejos, para reencontrarse así misma. Carmen consigue emocionar, es real y magnífica, como siempre. Y el resto de las actrices, todas ellas, se suman al carro de las actuaciones brillantes. Lola Dueñas, Chus Lampreave, Blanca Portillo, Yohana Cobo y todos los demás.
Los hombres, son todos malos, malísimos, y de presencia insignificante, esto sí que también como siempre, en cada uno de los cuentos feministas de Almodóvar.El director manchego, retrata además el pueblo de sus orígenes y ese ir y venir a la capital que le vio crecer. Hay mucho de autobiográfico, de homenaje y de melancolía. Y como el cine es romanticismo, en la Mancha hay molinos, viento, superstición, tradiciones y la locura que el Quijote supo promocionar al mundo. Almodóvar, sabe que el cine es contar cosas sencillas, retratar lugares austeros, gentes del mundo real, pero con historias y dramas universales, con poesía en todos los idiomas. Almodóvar narra al mundo y lo sumerge, una vez más, en su propio universo, un universo lleno de intenciones, detalles, subtextos y mensajes. Almodóvar vuelve, para demostrar que es uno de los mejores directores en la actualidad, un verdadero amante del cine y, muy posiblemente, uno de los autores más sobrios e inteligentes que nuestro país haya conocido.
Lo mejor: La pareja de Landa-Concha Velasco y Marisol Ayuso&Esposo.
Lo peor: El final patrio, muy fuerte.
