Aguantar con solo dos actores durante algo más de noventa minutos es una tarea muy complicada que Slade resuelve de manera magistral con dos recitales inolvidables a cargo de Patrick Wilson y Ellen Page. La cámara, casi siempre en primeros planos, deja ver lo justo y la fotografía de Jo Willems es espesa y peca a ratos de videoclipera, aunque consigue de sobras el mal ambiente.
Apoyados en una breve aparición de Sandra Oh, vista en “Entre copas”, y de la desconocida Odessa Rae (sin contar a un camarero que sale al principio), los dos actores llevan de manera memorable su duelo hasta que al director se le va de las manos el último tercio, en el que no está a la altura de las circunstancias, precipitándose en todos los giros finales y dejando un sabor agridulce al espectador más exigente.
De todas formas, “Hard Candy” es una experiencia que se disfruta de principio a fin, un descenso a los infiernos del interior que azota la moral y entretiene una tarde gris. Un 7.
Lo mejor: El duelo Wilson/Page, intenso e inolvidable, y los primeros cuarenta y cinco minutos. Impecables.
Lo peor: Un tramo final acelerado y sin dirección concreta.
