La elegancia, el lujo suntuoso y las bellas mujeres siguen ahí, pero Bond, que está al comienzo de su carrera como 007, es más visceral, menos sofisticado y, sobre todo, más humano. La violencia es más explícita y Bond pasa verdaderos apuros en secuencias de acción que antaño solventaba sin despeinarse. Por ejemplo, memorable es la persecución inicial que este hercúleo Bond hace de un delincuente por las calles de Magadascar al comienzo del filme, con un ritmo y un montaje visual deslumbrantes. Los enemigos, un elemento siempre clave en esta cintas, tienen objetivos más mundanos y carecen de los delirios de destrucción global de sus predecesores. Tampoco se repite la ritual visita al experto en ‘gadgets’ mortíferos y las mujeres objeto no aparecen con tanta profusión como en otras cintas de exhibición testironil de 007. De hecho, y pese a este perfil más duro de Bond, éste se mostrará de lo más vulnerable ante la bella Vesper Lynd (una guapísima Eva Green). Con ella vivirá un idilio amoroso muy distinto, y de mayor calado, al compartido con otras ‘chicas Bond’.
Por tanto, si los productores querían distanciarse de las cintas previas, lo han logrado sobradamente. Otro gran acierto es haber situado el relato del filme en los inicios de la carrera de Bond como agente 007. Así, la cinta juega un notable papel como precuela y prepara el terreno a venideras entregas protagonizadas por Craig (algo ya previsto). Quizá sean discutibles la extensa duración de la película (dos horas y media) y el cierto desquilibrio en el ritmo que propician las secuencias transcurridas en el casino. Pese a todo, el trabajo de Martin Campbell aporta una bocanada de aire fresco al personaje y cumplirá las expectativas del público que vaya a ver Casino Royale con el ánimo de ver buen cine de entretenimiento. Ah, y aunque sea un detalle superfluo, también sabremos que a este nuevo Bond, más etílico que nunca, poco o nada le importa que sus ‘martinis’ estén agitados o mezclados. Sólo quiere que se los sirvan pronto.
Lo mejor: Las novedades en el estilo del filme, en sus personajes o en su historia son tan o más relevantes que la polémica incorporación de Daniel Craig a la lista de agentes Bond.
Lo peor: La extensa duración de la película (dos horas y media) y el cierto desquilibrio en el ritmo que propician las secuencias transcurridas en el casino.
