Esta cuarta entrega podría ser la traslación más fidedigna del libro en el que se basa, aunque quizás por eso le falte cierta conexión entre sus escenas, lo que conlleva que a ratos nos dé la impresión de ser una suerte de relatos que se suceden, en vez de un todo. El hilo central gira, como supongo que muchos ya sabrán, en torno a la Copa Internacional de Quidditch, un torneo de magia para tres escuelas y el regreso de Aquel-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.
Es la primera vez que un director inglés, Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral), dirige una película de esta saga, y se nota en muchos aspectos, como la manera de marcar el tempo del filme. Eso sí, por si a alguien le quedaban dudas, debo decir que esta no es una película especialmente apropiada para los niños, al igual que sus predecesoras.
Por lo demás, se agradecen las escenas de acción, llenas de épica, salteadas con estupendos efectos especiales y con unos diálogos de considerable altura. Daniel Radcliffe (Harry Potter) sigue creciendo como actor (evidente es su crecimiento físico), y la presencia de Ralph Fiennes contribuye a dar lustre, una vez más, a las andanzas del joven mago. No es perfecta, no es una maravilla, pero es más que suficiente para tenernos pegados al sillón durante sus más de dos horas y media de duración.
Lo mejor: Responde con mayor fidelidad que las anteriores al libro en el que se basa.
Lo peor: No creo que sea una saga apropiada para niños.
