Creep responde perfectamente al estereotipo que antes comentaba, ya que su guión es de una simpleza magnérrima; prácticamente la totalidad de la misma se desarrolla en los subterráneos del metro de Londres, donde una extraña criatura (más que un monstruo parece un tío al que le hayan echado un caldero de aceite hirviendo por encima) se dedica a llevarse a su guarida a todo el que se encuentra. Para colmo de males, el extraño ser emite unos sonidos que parecen los de un eunuco desafinando en el coro de la iglesia.
Creep es una conjunción de todos los defectos de los que puede adolecer una película: está mal estructurada, la idea es simple y vulgar y la actriz sobre la que recae todo el peso del guión no da la talla, ni de lejos. Y es Franka Potente, por mucho que algunos la quieran ensalzar, es un monumento; pero un monumento a la inexpresividad y la falta de garra ante la cámara.
Como en casi todos los filmes de este tipo, surge la interrogante siguiente: ¿Por qué puñetas nunca rematan al malo cuando lo tienen a su merced?.
En definitiva, una película para ponérsela a los estudiantes de las escuelas de cine. Para que tengan claro lo que no de se debe a hacer.
Lo mejor: Que no es demasiado larga.
Lo peor: Incluso sin serlo, se hace larga.
