Nueves Reinas narra la historia de dos estafadores de medio pelo a los que se les presenta una oportunidad única de vender una valiosa colección de sellos a un mafioso a punto de ser deportado del país. Y lo hace en un tono exento de dramatismo extremo, utilizando en ocasiones una sutil ironía para dejar entrever la influencia española en la situación económica del país. Pero lo hace sin que se note demasiado, en detalles concretos, como el hecho de que en muchas escenas que presentan escenarios propios de la crisis (la gente agolpada frente a un banco intervenido para intentar recuperar sus ahorros), aparezca justo al lado una oficina de Telefónica funcionando a toda mecha. O que el mafioso que están a punto de expulsar del país por corromper políticos y apropiarse de cantidades ingentes de dinero también sea, como ellos dicen, gallego.
Además de ser nuevamente una película que denuncia la situación de la Argentina, es una cinta que entretiene, despierta curiosidad por lo original de las tretas y argucias que emplean para desplumar a la gente, y que arranca en muchas ocasiones la sonrisa del espectador.
También por momentos recurre al simbolismo, como en la escena (no se preocupen que lo que voy a decir no tiene ninguna relevancia en el argumento, no es spoiler) en que mientras viaja uno de los protagonistas en un vagón de metro, un chaval ofrece a los viajeros estampas a cambio de un donativo, y el estafador le plantea la posibilidad de elegir entre cincuenta pesos (unos quince euros) y un coche de juguete que acaba de comprar; el muchacho, tras mirar con ojos luminosos el coche, coge el billete: la necesidad está por encima de los caprichos propios de la infancia de otro niño que se ha tenido que hacer mayor antes de tiempo.
Pero no todo son luces; en algunas ocasiones se torna un poco previsible, y parece que le quisieron dar cierto toque hollywoodiense, desposeyéndola en parte de ese característico y encantador ritmo argentino. En cualquier caso, es una buena película, que como suele ocurrir, pasó por España con menor repercusión de la merecida. Aunque eso, desgraciadamente, es lo más habitual.
Lo mejor: Lo curioso de las mañas que emplean para cumplir sus objetivos y la frescura en la manera de relatar los hechos.
Lo peor: Que por momentos es algo previsible.
