Con Luces del Atardecer, Kaurismäki nos ofrece un intenso retrato de la soledad del alma humana a través del personaje de Koistinen (Janne Hyytiäinen), un pobre hombre que se gana la vida como guardia de seguridad, y al que el destino le tiene preparado una mala jugada. Es la historia de un perdedor, pero no de un perdedor sórdido como el cine nos tiene acostumbrados, sino de un perdedor romántico, que siempre mantiene un rayo de esperanza por más vapuleos que reciba de la vida. Kaurismäki muestra con cadencia finlandesa a un Koistinen que encaja los golpes con resignación y estoicismo, y por ello se convierte en un personaje querido por el espectador. Se trata de un film intimista, repleto de emociones contenidas, de historias no contadas en la soledad de una noche fría, casi eterna, en la que la luz es un objeto de deseo inalcanzable. Todo ello se sustenta en las prodigiosas interpretaciones de su elenco, del que destaca un Janne Hyytiäinen que soporta todo el peso de la cinta, y al igual que su personaje, lo hace de manera callada, con gran contención.
Luces al Atardecer es una película dirigida a un público minoritario, pero aquellos espectadores que se atrevan a ver el nuevo trabajo de Aki Kaurismäki encontrarán un tipo de cine que no es habitual hoy en día, y saldrán gratamente sorprendidos de la sala.
Lo mejor: La sobriedad formal del conjunto y la interpretación de Janne Hyytiäinen.
Lo peor: Un ritmo en ocasiones excesivamente lento, que provocará el rechazo de la mayoría.
