El final de esta particular y peculiar trilogía sobre las conexiones vitales se concentra en lo mismo: nexos entre las tan diferentes vidas humanas. Cuatro historias entrelazadas de la manera más sencilla (al menos teniendo en cuenta a lo que nos ha acostumbrado este dúo mexicano), abordando temas tan profundos como la diversidad cultural y el lenguaje humano. Y digo sencilla porque sé que se le pudo sacar más partido a todo: las cuatro historias por separado daban para mucho más, la relación entre ellas no convence y parece que finalmente resultan incompletas.
Debo repetir que Babel es una buena película. Pero mejorable. Tiene momentos estelares, gracias en parte al guión, a la dirección, y al estupendo reparto con el que cuenta la cinta: tiroteo entre la policía y la familia marroquí; un buen Pitt ayudando a una desaprovechada Blanchett a orinar; Rinko Kikuchi (toda una revelación) desnuda ante el policía y una espléndida Adriana Barraza intentando salvar a los hijos de Pitt en la noche del desierto mexicano.
Y aunque sé de sobra que es muchísimo mejor que la media de las películas estrenadas en 2006, no puedo apreciar tanto su mérito. Me quedo con la sensación de que esta vez no ha sido tan genial como con Amores Perros y 21 gramos. Y es toda una pena, porque el dúo no volverá a trabajar juntos más.
Lo mejor: Determinados momentos y la atmósfera profunda que cubre la cinta.
Lo peor: Que pueda no parecerte demasiado si te esperas mucho de ella.