Felipe Vega y el guionista Manuel Hidalgo ofrecen una película limpia, sincera a más no poder, un universo de parejas que nunca caen en conflictos manidos por la abundante oferta de ese cine de relaciones personales, de parejas a lo Woody Allen, que se entregan y se rechazan, que se hurgan hasta dar con la clave que los redime de su hastío existencial.
El cine de Vega ( recordemos la estupenda Nubes de verano ) va a caballo entre lo cotidiano y lo maravilloso y no se da a sus personajes su halo personal: los deja volar, libres; los filma con asepsia enorme, dejándoles triunfar y equivocarse.
El pequeño drama generacional planteado no da una solución a los problemas: los expone sin frivolidad, los acerca a la sensibilidad de quien, pasmado, observa cómo todo se articula bajo la fría capa de la incomunicación, que a veces viene vestida de soberbia o de hipocresía o de debilidad.
Está inmensa la actriz Blanca Apilánez. Lástima que el final, algo ridículo, aleje la impresión última de la pura excelencia. Tampoco colabora cierto desalojo formal en escenas que entendemos clave ( la escena del bar con los clientes que acaban yéndose )…
Lo mejor: El elenco, el guión....
Lo peor: Cierto deslabazamiento formal, cierto abandono del cuidado en los detalles
