‘Apocalypto’ narra el viaje iniciático de Garra de Jaguar, un joven cazador que vive en una pequeña aldea en un momento indeterminado del período precolombino. Los poderosos guerreros mayas irrumpen en su vida, arrasando todo a su paso y capturándole como esclavo. Garra de Jaguar deberá enfrentarse a mil peligros y a su propio miedo para ganarse el derecho a volver a su bosque.
Y con una premisa en principio tan endeble y tan manida, lo que consigue Mel Gibson es sumergirnos de lleno, como pocas veces se ha hecho antes, en una frenética lucha por la supervivencia. La palabra que mejor define el espíritu de la película es furiosa, y no lo disimula, al contrario. La coartada del primitivismo de la época le permite a Gibson sacar lo peor de sí mismo como persona, probablemente, pero muy por encima de eso lo mejor de sí mismo como cineasta: Gibson convierte lo que podía haber sido otra ‘La selva esmeralda’ o ‘En busca del fuego’ (estimables pero demasiado bienintencionadas) en un violentísimo relato que parece contado por un chamán a la luz del fuego en una caverna.
Además, las virtudes narrativas se ven multiplicadas por la nerviosa fotografía digital de Dean Semler (no por casualidad responsable también de ‘Mad Max 2’ y ‘Mad Max 3’) y el arrollador montaje de Kevin Stitt y John Wright, mientras que los tan criticados anacronismos quedan minimizados por el increíble diseño de producción de Tom Sanders. Todos los aspectos técnicos rayan a un nivel altísimo, más teniendo en cuenta que ‘Apocalypto’ fue rodada en escenarios naturales en México, con las dificultades que eso supone.
Y la gran duda que tenía sobre la película era las interpretaciones. Gibson se decidió al final por actores amateur que respondieran al tipo que necesitaba cada uno, y hay que felicitarle por ello. Lo define perfectamente Max Renn en su acertado análisis en Videodrome, “[…] unos actores tan reales que parecen fundidos en sus personajes […]”. Por si fuera poco, no se limita a esbozar un enfrentamiento “salvajes buenos vs. salvajes malos”, sino que se pueden incluso encontrar matices en uno y otro bando, siempre dentro de los límites de lo que es, una película de acción.
Como únicos fallos posibles, la inexactitud histórica, que puede resultar ofensiva a los defensores del academicismo más rancio, y la simpleza de la trama, que es a su vez una de sus grandes bazas: cuando un jaguar y una docena de cazadores de cabezas te persiguen por la selva, queda poco espacio para las exquisiteces filosóficas.
Más allá de las interpretaciones que pueda haber (y las que los de siempre se inventen), ‘Apocalypto’ es la magnífica y desquiciada prueba de que Mel Gibson está a punto de convertirse en un personaje de los que le gustan a Werner Herzog. Un 9.
Lo mejor: El ritmo endiablado y la caracterización de los actores.
Lo peor: No va más allá de la odisea de su protagonista, algo que muchos aprovecharán para despreciarla.
