Con inevitables referencias a la guerra de Irak, el film de Shyamalan es el menos Shyamalan de su carrera (a falta de ver El protegido). Lo bueno/malo de los directores es que tienen señas de identidad o tics argumentales que suelen repetir a lo largo de su filmografía, y en este caso resulta agradable que casi todo lo que temes a lo largo de la película (las típicas preguntas de si estará muerto, si habrá habido un salto en el tiempo, etc…) no se cumple: “lo que ves es lo que es”. Además existe una feroz crítica hacia los críticos de cine, a los que retrata como destructivos pesimistas a los que les persiguen sus prejuicios.
Ya es imprescindible, después de El bosque, hablar de James Newton Howard cuando trabaja con éste director. Cada vez le doy más vueltas y creo que, a pesar de que Descubriendo Nunca Jamás es una partitura fabulosa, el trabajo de Howard debió ganar la estatuilla. Sin duda es su mejor trabajo, pero con Lady in water parece que quiere recuperar o aprovechar ese magistral derroche creativo para este film. Obviamente no “se alcanza”, pero consigue emocionar. Cabe señalar el momento que creo más emotivo de la película que en el disco es titulado como The Healing. Tomad nota.
Para que os hagáis una idea de por dónde va el director, os reproduzco la frase que aparece al final del rodillo de créditos finales: “Para mis hijas. Os contaré esta historia una vez más. Pero después iros a la cama.” Un cuento delicioso con muy pocos “peros”.
Lo mejor: La sensibilidad del director y la unión creativa con Newton Howard.
Lo peor: Algún momento fuera de tono.
