Dicho y hecho. La sala estaba al 50% de su capacidad, algo que me sorprendió gratamente. Y no había sólo gente con gafas de pasta. Comienza la película y lo hace con un plano que si cualquier otro director utiliza podría tentar al insulto instantáneo. Es un plano fijo. Los títulos de crédito van apareciendo como quien escribe un post como éste en el ordenador (de los más originales que he visto: rápidos, sencillos y cumpliendo su misión). Y luego ya empieza el festín Haneke.
Daniel Auteuil y Juliette Binoche, dos pesos pesados del cine europeo, sacan sus mejores armas para complacer a Haneke y al espectador en una nueva historia de remordimientos y del miedo que flota en el aire y se puede reproducir en VHS (y no es como en “The Ring”). ¿Qué harías si recibes cintas que graban desde el exterior de tu casa y te enseñan cómo sales y entras de ella, cómo subes al coche, etc…? ¿Supone eso una amenaza? Y lo que es peor ¿quién hace eso? La incertidumbre nos puede volver locos.
Se suele decir que el miedo proviene de lo que no conocemos, pero tal vez deberíamos tener miedo de lo que tratamos de confirmar o saber. Nuestros mecanismos para rebuscar en nuestro pasado y buscar una lógica perfectamente asumible puede tener consecuencias terribles (parece una frase para el gran Hal Douglas, pero tiene su intríngulis)
Un film ideal para aquellos que saben que Haneke no tiene límites. Un film ideal para aquellos que quieran verse sorprendidos por la falta de condicionantes de los films que terminan bien. O simplemente que terminan.
Muy recomendable para quitarse algunas telarañas del cine demasiado correcto del que sólo nos damos cuenta que vemos cuando paladeamos películas como ésta.
Lo mejor: Los actores y la calma Haneke, que ni mucho menos es para estar tranquilo.
Lo peor: Algo larga.
